Arcadi Oliveres: una visión de la crisis

Me ha llegado esta entrevista realizada a Arcadi Oliveres y me ha parecido interesante difundirla:

Extraído de la entrevista publicada en la revista Més A Prop de Càritas,
MAC, número 32 de marzo 2009, y realizada por Montse Sintas.  

¿Qué opina usted como economista de un sistema económico que entra en
colapso cíclicamente?
Efectivamente, el capitalismo entra en crisis económica porque lo que se
pretende es maximizar el beneficio. Y, claro, llega un momento en que ya no
se pueden obtener más beneficios, éstos bajan, los inversores dejan de invertir y se generan situaciones de dificultad y paro. Particularmente opino que el capitalismo es un sistema económico que no responde a la definición básica de economía. A mí me enseñaron en la facultad que la economía es la ciencia que intenta administrar los recursos que nos vienen dados por la naturaleza para transformarlos, y con su transformación obtener bienes y servicios que satisfagan las necesidades humanas. Si lo entendemos así, es evidente que el capitalismo no cumple las reglas de la economía. Tenemos un capitalismo a nivel mundial y vemos como tres cuartas partes de la población mundial no tienen cubiertas sus necesidades básicas. Por tanto, es un sistema que no funciona y que está herido desde su nacimiento.

Nuestros gobernantes nos animan a consumir más para contrarrestar los
efectos de la crisis…
Me da miedo que nuestros dirigentes nos inciten a aumentar el consumo.
Pienso que precisamente una crisis como la actual nos ofrece un buen
momento de reflexión para pensar si debemos continuar con un sistema que
cada vez abusa más de los recursos, de los límites del planeta y, en
definitiva, avanza hacia una situación que será verdaderamente difícil para
las próximas generaciones, o bien si hemos de pensar en alternativas como,
por ejemplo, el decrecimiento. Evidentemente, si hemos de consumir un poco
menos y esto significa apretarse el cinturón, es de justicia que los
privilegiados del Primer Mundo (que no son todos) seamos los primeros en
hacerlo. Lógicamente, los más ricos deberán apretarse más el cinturón. Pero
pienso que, razonablemente, no se puede llamar a incrementar el consumo,
porque esto quiere decir potenciar aún más nuestro sistema abusivo de
bienestar y despilfarro de recursos.

Algún economista ha llegado a justificar la existencia de las crisis
cíclicas para que el sistema expulse a los que no pueden seguir, los más
débiles…

Pues este economista no tiene derecho a llamarse como tal. Me remito al
concepto de economía. Quien dice esto respeta muy poco la dignidad humana.
Y el economista que no respeta la dignidad humana no merece el nombre de
economista. Sus argumentos no tienen, para mí, ninguna credibilidad.

¿Cómo interpreta el hecho de que, a pesar de la bonanza económica de los
últimos años, no se haya reducido la pobreza, tal como evidencia el último
informe FOESSA sobre la realidad social española?
Porque el capitalismo puede llegar a servir para producir, pero nunca para
distribuir. Y cuando se trata de distribuir siempre acaba favoreciendo al
más rico, tanto en la fiscalidad, los impuestos, los beneficios, incluso en
situación de crisis: lo que se hace es proteger a los poderosos para que no
caigan en la quiebra y, en cambio, se deja desprotegidos a aquellos que son
más débiles. Yo pienso que en el capitalismo sólo es válido un lema:
“privatizar los beneficios y socializar las pérdidas”.

El decrecimiento que usted apuntaba antes, ¿puede contribuir a repartir
mejor la riqueza?
Considero imprescindible avanzar hacia el decrecimiento. Lo que sucede es
que los políticos que toman las decisiones y los empresarios no se lo
plantean. Parece que todos estén imbuidos de una misma idea: maximizar cada
vez más las ganancias, la producción, las exportaciones, sin tener en
cuenta que lo que importa es la calidad de vida de la gente. Pero tal y
como están las cosas, y tal como actúan los medios de comunicación,
predicar algo de este estilo puede resultar incluso contraproducente. Estoy
seguro de que si se presentara un candidato, del partido que sea, diciendo
que quiere reducir el PIB y la renta por cápita, lo único que conseguiría
es que no lo votaran.

¿Qué hacer, entonces?
Una pedagogía muy importante. Ser conscientes de que los recursos del
planeta son limitados. Los que viven en el Tercer Mundo y los pobres del
Primer Mundo tienen derecho también a adquirir estos bienes y, por tanto,
hay que reducir el crecimiento. No todo el mundo, por supuesto, porque aún
hay gentes que deben seguir creciendo y no podemos aplicarles el
decrecimiento. Pero hay muchos países industrializados donde se debería
aplicar de forma radical el decrecimiento.

Desde 1970, cuando las Naciones Unidas pidieron que los países ricos del
mundo destinaran el 7 % de su PIB a países en vías de desarrollo, sólo
cinco países lo hacen. ¿Cómo valora esto?
Como una vergüenza. Ya desde los inicios, en Justicia y Paz nos apuntamos a
esta campaña, con Joan Gomis al frente. Después de veintisiete años en que
esto no se ha conseguido, el señor Rodríguez Zapatero es capaz de dar a
finales del año pasado una inyección de dinero a los bancos de 50.000
millones de euros, exactamente nueve veces el 0,7 %. Es decepcionante que
en tantos años no se haya conseguido y que ahora la ayuda vaya a los
bancos, cuyos directivos tienen sueldos impresionantes y negocios más bien
dudosos. Es escandaloso.

A pesar de todo, sigue creyendo que otro mundo es posible.
Sin duda, es necesario y urgente. Porque el que tenemos ahora es
extraordinariamente injusto. Tan sólo hay que recordar el dato que
recientemente hizo público la FAO: 950 millones de personas pasan hambre en
el mundo. Y cada día mueren 66.000 personas de hambre. Pero esto, por
desgracia, no es noticia. Sólo es una estadística.

¿Qué es el decrecimiento?
Una corriente de pensamiento político, económico y social, favorable a la
disminución regular de la producción económica. Su objetivo es establecer
una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, y
entre los propios seres humanos. Georgescu-Roegen, Latouche y Gorz lo
defienden.

Arcadi Oliveres, economista, militante cristiano
y presidente de Justícia i Pau.
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